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Día 230: Jeremías 11 – 14

Lee los capítulos del 11 al 14 del libro de Jeremías (puedes leerlos dando clic aquí: Jeremias 11 – 14)

Capítulo 11-12: Los capítulos 11-13 comprenden una denuncia contra el pueblo de Israel por no obedecer su pacto con Dios, y la subsecuente lamentación de Jeremías por lo que ve está pasando y lo que sabe pasará. En Deuteronomio 28 se describen las bendiciones y maldiciones por el cumplimiento o no del pacto que estableció Dios con Israel para que sea su pueblo. Los judíos se habían acomodado y conformado con un estatus religioso, pero fuera del Templo (y a veces EN el Templo) sus corazones no tenían ninguna diferencia a la de los pueblos impíos que los rodeaban.

A causa de las profecías que hacía (siempre apuntando a los defectos, desobediencia y maldad de Israel) la vida de Jeremías corría peligro (11:21) y, a pesar de que Dios había dicho que quienes atentaran contra su vida serían castigados (11:22-23), Jeremías empezaba a sentir la frustración de ser un profeta de castigo, para nada popular por sus palabras y ¡ahora en peligro!

Los versos 1-4 del capítulo 12 son la queja de Jeremías que incluye preguntas con respecto a la prosperidad de los malvados: “Si profetizo contra los malos, ¿por qué siguen de pie?” Uno espera que en este tipo de quejas Dios siempre responda con palabritas de conmiseración y que “fortalezcan”, pero nos sorprendemos cuando la respuesta de Dios es (parafraseando):

“Si no puedes sostenerte con esta pruebita, ¿qué pasará cuando vengan los tiempos “de verdad”? Si no puedes contra estos hombrecitos, ¿aguantarás cuando vengan “los fuertes”?”

Las siguientes palabras son externando a Jeremías la condición del pueblo y por qué se necesita que él siga profetizando, que tranquilo: los malvados tendrán su merecido.

Contrario a lo que pudiesen pensar: el oficio profético es peligroso y no es muy popular cuando realmente dices lo que tienes que decir. Jeremías lo aprendió “the hard way”.

Capítulo 13: Los profetas de tiempos antiguos solían realizar actos simbólicos para dramatizar sus mensajes. Recuerdo en una ocasión que atendí a un taller de artes, como el expositor nos hablaba de el arte incluido en la profecía de los profetas bíblicos. Quizás su hermenéutica estaba un poco forzada pero la profecía era en sí todo un arte para estos hombres:

– Isaías caminó desnudo y descalzo para simbolizar la derrota de los Egipcios contra Asiria.

– Ezequiel cortó su pelo, quemando un tercio, cortando otro tercio con una espada y tirando otro tercio al viento para simbolizar la destrucción de Jerusalén.

Las acciones de estos profetas diferían de otros profetas como Elías y Eliseo, pero eran muy común.

Capítulo 14: Una sequía azotó a Israel en tiempos de Jeremías. Siendo profeta y total creyente de que Dios es quien controla el cosmos y los eventos que en él suceden, Jeremías entendía que la sequía era un castigo por la desobediencia del pueblo. Aún así, Jeremías trata de interceder por ellos, para encontrarse con la misma respuesta que el Señor le ha dado entre los capítulos que hemos leído:

“No ruegues por el bienestar de este pueblo.” (v. 11)

Jeremías entonces le pregunta a Dios sobre los profetas que profetizan bienestar, pero Dios les responde que no son más que un grupo de mentirosos.

Me pregunto si hoy no pasará lo mismo.

Anímate a comentar o preguntar.

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