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Día 231: Jeremías 15-18

Lee los capítulos del 15 al 18 del libro de Jeremías (puedes leerlos dando clic aquí: Jeremias 15 – 18)

Capítulo 15: el mensaje de juicio que empezó en el capítulo 14 continua en el 15, seguido por el lamento de Jeremías (15:5-18). Es importante notar que a pesar de que Jeremías profetiza lo que Dios pone en su boca, el profeta lucha con esas palabras, intercede por el pueblo pero, al encontrarse con que el futuro que ve en las visiones y palabras que Dios le da no cambiará, se lamenta, se lamenta por Jerusalén.

El lamento de Jeremías no es solo por Jerusalén sino por él mismo, pues lucha, tiene crisis a causa de lo que sabe pasará (16-18). Dios le promete protegerlo.

Capítulo 16-17: Continúa el mensaje de juicio (casi todo Jeremías, ¿no? jajajaja!). Esta vez las palabras son acompañadas por dos actos simbólicos:

1- Jeremías no deberá casarse ni tener hijos. El profeta no debe tener a nadie que lo haga llorar o que atrase su obra cuando el ataque llegue a Jerusalén. Debemos entender que lo que Dios trata con cada persona es lo que Dios trata con cada persona: Isaías se casó y sus hijos sirvieron de “ilustración” a través de sus nombres para sus profecías. Entonces: el mandato aquí dado ES A JEREMIAS, como parte de su trabajo profético.

2- Tampoco debe ir a condolecerse por quienes tienen luto, debe ser indiferente al dolor del pueblo.

¿Entienden? Cada acto de Jeremías lo hacía menos popular en el pueblo, pero representaban la terrible condición del pueblo. El hecho de que el pasaje mencione que nadie se cortaría por los muertos (16:7, texto que la gente usa como alusión a los tatuajes pero que se refiere a una práctica totalmente diferente) nos dice que habían adoptado prácticas de los paganos que los rodeaban. Pero el pueblo no se daba cuenta de sus malos caminos, que es lo que puede pasarnos cuando estamos inmersos en la maldad, y le preguntan a Jeremías “¿Por qué nos pasa esto?” ¡Wow! ¿Podemos estar tan inmensos en la maldad para no darnos cuenta que no hay prácticas de bondad entre nosotros?

“¡Maldito el *hombre que confía en el hombre!” (17:5) es uno de los versos más famosos en Jeremías, y es contrapuesto con “Bendito el hombre que confía en el Señor.” (17:7) La confianza no tiene que ser un asunto individual (“Confío en Rupert Filurus porque ha demostrado…”) sino general, confianza en sus propias fuerzas o en los recursos de los otros en vez de dependencia de Dios. El pueblo había dejado de depender de Dios y descansaban en los recursos y personalidades de otros hombres y de ellos mismos. Incluso el sábado era violado. Debemos prestar atención a que las palabras de los profetas que luego se cumplieron, afectaron profundamente las prácticas del pueblo de Israel al regresar del exilio. Y hablando de sábado: noten la exageración con respecto a ese día que tenían los Fariseos y Saduceos en tiempo de Jesús, algo que los llevó a confrontarse con el maestro constantemente.

Capítulo 18: Quizás el pasaje más famoso en el libro de este profeta. Jeremías es mandado a observar cómo trabaja un alfarero. El Señor compara su obra con la del artista del barro, y se presenta como el formador del destino de Israel. A pesar de las palabras de destrucción: si hay arrepentimiento los volveré a construir.

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