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Día 235: Jeremías 31- 34

Lee los capítulos del 31 al 34 del libro de Jeremías (puedes leerlos dando clic aquí: Jeremias 31 – 34)

Notas De Estudio

Capítulo 31: este capítulo junto al 30 comprenden lo que es conocido como “El Libro de la Consolación de Jeremías”. Generalmente y en la tradición rabínica o de algunos libros proféticos (Amos, Ezequiel), se iniciaba los libros con reprensiones y luego se terminaba con consolación. Por eso algunos eruditos piensan que en el principio, esto formaba parte del final del libro de Jeremías (los caps. 30-31), pero es algo que no podemos afirmar y de lo que no tenemos prueba. En este capítulo volvemos a la imagen de Dios como esposo y su pueblo como esposa. Pero esta vez no con la intención de divorcio, sino de reconciliación y restauración.
El verso 15 es tomado en el  Nuevo Testamento como una profecía por la muerte de los niños menores de dos años a manos de Herodes (ver Mateo 2:17-18), , lo que convierte esta parte de la profecía en Mesiánica (concerniente al Mesías). Pero la recompensa por el trabajo de Raquel es que verá a sus hijos volver, y el esposo (el Señor) la consuela diciéndole que pare de llorar.
Según Éxodo 34:7 la iniquidad de los padres era castigada sobre sus hijos y hasta la cuarta generación, en ese sentido, quienes regresaban del exilio debían temer volver a ser castigados aún cuando volvieran su corazón a Dios, pero el profeta afirma que ya los hijos no serán responsable por el pecado de los padres, cada uno será responsable por su pecado.
La torre de Jananel se encontraba en la esquina Nordeste de Jerusalén y la Puerta de la Esquina se encontraba en el lado opuesto a esta en la ciudad. Aparentemente la ciudad había sido reducida por los subsecuentes ataques de Asirios y Babilonios, Dios la extendería como parte de la señal del cumplimiento de su promesa.
Capítulo 32: El acto de apresar a Jeremías no era fortuito: una ciudad sitiada, con habitantes continuamente en miedo, no necesitaba a un viejo profeta gritando cosas que aumentaran su miedo. Así que, Sedequías decide que lo mejor es apresarlo ¡para que calle! En medio de estar apresado y como parte de una señal profética, Jeremías recibe la oferta de venta de una propiedad. En aquel tiempo, las propiedades en venta se ofertaban primero a familiares cercanos, así la tierra se mantenía entre la familia, luego se pasaba a otras personas dentro de la misma tribu (familiares más lejanos) de acuerdo al orden de cercanía con la familia que ponía el terreno o propiedad en venta. Si alguien recibía una oferta de compra de otra persona de la tribu debía primero buscar a quien le quedaba más cercano genealógicamente y ofertarla, si este la rechazaba entonces se hacía la venta.
Si Jeremías ha profetizado destrucción lo más racional era rechazar comprar el terreno, pero Dios le dice que lo compre y que guarde los papeles de propiedad como señal de que el pueblo volverá a la tierra, sembrará, comprará terrenos y construirá. Jeremías hace como le ordena el Señor, aunque con sus dudas. Dios confirma que restaurará a pesar de la duda de Jeremías.
Capítulo 33: “Clama a mi que yo te responderé.” (v. 3) es uno de los versos más famosos en la Biblia (¡sí! Jeremías tiene algunos de esos), palabras que le llegan al profeta en medio de su encarcelamiento. Aparentemente Jeremías, quien hasta el momento había profetizado casi exclusivamente de destrucción, con la ciudad sitiada y bajo el inminente ataque de los Babilonios, ya sentía que las palabras proféticas que le habían dado estaban a la vuelta de la esquina. Como parte del pueblo de Dios y aunque conocía la razón por la que esto estaba pasando, no podía hacer otra cosa sino sentirse triste. ¿Cómo alegrarse en momento en que sus hermanos y hermanas, la ciudad y el templo que ama serán aplastados? ¡Imposible! Estas palabras no solo son un consuelo al pueblo sino también a Jeremías.
Capítulo 34: Los primeros versos de este capítulo (1-7) están fechados al año 588 a.C., que es la fecha del sitiado de Jerusalén por Nabucodonosor. La promesa de una muerte en paz a Sedequías nos hace recordar las palabras de la profetiza Hulda a su padre Josías (2 Reyes 22:14-20) y contrastan con la profecía que Jeremías hizo a Joaquín (Jeremías 22:24-30).
Los judíos tenían reglas que regulaban la esclavitud (reglas que casi nunca se cumplieron). Sedequías promete liberar los judíos que habían sido esclavizados pero luego se retracta. El Señor está SIEMPRE en contra de la opresión y Jeremías se lo deja saber a Sedequías.

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