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Día 256: Oseas 1-4

Lee los capítulos del 1 al 4 del libro de Oseas (puedes leerlos dando clic aquí: Oseas 1-4).

Notas De Estudio

Introducción: Oseas es el primer libro de los llamados “Profetas Menores”. Recordemos que a éstos no se les llama así por ser de menos importancia, sino porque escribieron menos. Vivió y profetizó (al menos la mayor parte de su vida) en el Reino del Norte o Israel, en el siglo VIII a. de J.C. No se tienen muchos datos sobre la vida privada o anterior al ministerio del profeta, con excepción del nombre de su padre (Beeri).

El énfasis de su mensaje se haya en enrostrarle a Israel su infidelidad a Dios y su idolatría. Una de las formas que Dios usa para ello (y por lo que usualmente es popular este profeta), es que lo manda a casarse con una mujer prostituta (el hebreo dice literalmente “promiscua”).

Capítulo 1: El libro empieza con la primera misión de Oseas como profeta para Israel: “cásate con una prostituta” y ten hijos con ella. Vaya comienzo ministerial. La razón fue explícita desde el comienzo: “Esto ilustrará cómo Israel se ha comportado como una prostituta, al volverse en contra del Señor y al rendir culto a otros dioses” (v. 2). Oseas obedece, se casa con una mujer llamada Gomer, y hasta este capítulo ella le da a luz 2 hijos y una hija (vv. 4-8). Los nombres de cada uno son parte del mensaje del Señor para su rebelde pueblo. El primero, Jezreel, hace referencia a los homicidios atroces que la dinastía del rey Jehú venía cometiendo (¿dónde? En Jezreel). La segunda Lo-ruhamá (que significa “no amada”), dando a entender que por su pecado ya el Señor no los trataría con amor. Y el tercero, Lo-ammí (que significa “no es mi pueblo”), implicando que por su desobediencia ya Israel no era el pueblo de Dios.

El pasaje termina (de hecho en el capítulo 2, verso 1), con promesas de esperanza y restauración, y la forma de hacerlo es jugando con los nombres de los hijos de Oseas: “…gran día será —el día de Jezreel [nombre del primer hijo] —… llamarán a sus hermanos Ammí —“mi pueblo” [opuesto del nombre del tercer hijo]— y a sus hermanas llamarán Ruhamá: “las que yo amo” [opuesto del nombre del segunda hija].” ¡Qué bueno es Dios! Nos quiere restaurar, a pesar de nuestro pecado.

Capítulo 2: Aquí el pasaje está dividido en dos partes. La primera, versículos 2 al 13, son un grupo de quejas y reclamos de Dios en contra de Israel. Fíjense las comparaciones que hace el Señor representado como un esposo fiel, versus la conducta de su pueblo representada con la figura una esposa que abandona a su marido (Dios) y se va a ejercer la prostitución (que en este capítulo representa la idolatría, en especial hacia Baal). Para colmo, ella dice que las cosas buenas que tiene (originalmente dadas por su esposo, el Señor) se las habían dado sus amantes. ¡Qué descaro! ¿No así a veces nosotros? Dios nos ama y provee, y luego ostentamos como si nuestros medios (capacidad, trabajo, dinero, relaciones) fueran la fuente del bienestar.

Del verso 14 al 23 hay un giro. Dios dice que buscará a Israel (que recordemos está en perdición), como un esposo busca a su esposa; la reconquistará y ella regresará con él. Al final hay otro juego de palabras con los nombres de los hijos de Oseas y Gomer. Menciona positivamente a Jezreel (que significa “Dios siembra”), y el 23 dice: “…Demostraré amor a los que antes llamé “no amados” [ver 1:6]. Y a los que llamé “no son mi pueblo” [ver 1:9], yo diré: “Ahora son mi pueblo”.

Capítulo 3: Otra misión fuerte para el profeta: redimir (rescatar) a su esposa, que por el contexto entendemos había abandonado al marido (y suponemos que a los hijos también), para irse a su vieja vida de ramera. Dios vuelve a ser diáfano con el propósito cuando en el v. 1 dice que esto “ilustrará que el Señor aún ama a Israel, aunque se haya vuelto a otros dioses y le encante adorarlos”. El sacrificio de Oseas no es solo emocional y social, también material. Él dice “la recuperé pagando quince piezas de plata, doscientos veinte kilos de cebada y una medida de vino” (v. 2). Probablemente debía dinero, o se necesitaba un tipo de transacción con algún amante o proxeneta.

Wow! ¿No nos recuerda algo? Así con nosotros. Hemos pecado y nos alejamos de Dios que sólo nos ha hecho bien, sin embargo él es quien nos busca, y paga el rescate por nuestras vidas.

Capítulo 4: Otra vez Dios se queja contra Israel por infiel. Por cómo está relatado, se parece a cuando una persona sometía a otra a juicio por ciertos cargos. Aquí los cargos son infidelidad (expresada sobre todo como idolatría) y perversidad a todos los niveles; hasta los sacerdotes y profetas (vv. 4-9). En este pasaje se describen brevemente muchas de las abominables prácticas de la adoración a las deidades paganas: prostitución, borrachera, adulterio, sacrificios a ídolos, etc.

Lamentablemente, en este capítulo no presenta ninguna nota positiva o esperanzadora para Israel. Todo es negativo.

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