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Día 260: Joel 1-3

Lee los capítulos del 1 al 3 del libro de Joel (puedes leerlos dando clic aquí: Joel 1-3).

Notas De Estudio

Introducción: Entramos al profeta Joel. Comienza parecido a Oseas, sin mucha información de su vida personal, a excepción del nombre de su padre (Petuel, v. 1), pero a diferencia del profeta anterior, Joel no nos dice explícitamente en qué reinados sirvió (comparen con Oseas 1.1), lo cual hace más difícil ubicarlo en la línea del tiempo. De todas formas, el consenso de los estudiados en la materia ubican que sirvió aproximadamente del 810-750 a. de J.C., antes de la Caída de Jerusalén y el Cautiverio. Joel, al igual que Isaías, Miqueas y otros, vivió y profetizó en Judá (o Reino del Sur). La frase clave y que veremos a través de todo el libro es “el día del Señor”.

Capítulo 1: Joel arranca llamando la atención al pueblo sobre una gran plaga de langostas que habían enfrentado (vv. 1-4). Por la intensidad de los ejemplos y descripciones a lo largo del capítulo (vv. 5-13, 16-20), parece que la plaga había sido desastrosa. En los vv. 13 y 14 pasa de lamento ha llamado; un llamado a sacerdotes, ministros, líderes, y a toda la gente del país, a mostrar y dolor y arrepentimiento, y a clamar a Dios.

En el versículo 15 hay una pausa clave: se anuncia que se acerca “el día del Señor”, frase clave en la predicación de Joel. Pero aquí ese día implica eventos funestos, porque “la destrucción viene de parte del Todopoderoso”. Sí, dice que Dios mismo viene a arremeter contra su propio pueblo.

Capítulo 2: Ahora desde el verso 1 se avisa que “está cerca el día del Señor”. Entre los términos que acompañan esta frase están “alarma”, “grito de guerra”, “oscuridad y penumbras”, y “sombras profundas”. Es obvio que la connotación es negativa, verdad? Del versículo 2b al 11 habla de la plaga de “langostas”. En contraste con el capítulo 1, que se enfoca en las consecuencias de la plaga, se dan más detalles descriptivos del fenómeno en sí. Es duro notar que según el verso 11 el “Señor va a la cabeza de la columna” de la plaga. Sé que a muchos nos enseñaron que “Dios es amor” (y es cierto), pero no menos cierto que también es “fuego consumidor”. Y para ubicarnos mejor analicemos los versículos 12-17, que son un llamado a volverse a Dios (entonces se habían alejado, cierto?), a entregarle el corazón (porque era de otro!), a proclamar un ayuno masivo (sí, el v. 16 dice “ancianos, niños y aun los bebés”), y a orar por perdón (es obvio que estaban en falta). Del 18 al 27 hay promesas de restauración (tanto para el pueblo como para sus tierras, vegetación y animales), que empiezan por un “entonces”. Entonces qué? Que si claman y se arrepienten, como se les propuso en los versos anteriores, “entonces” vendrán su bienestar y prosperidad.

Al final del capítulo (vv. 28-32) terminan con un anuncio grande y peculiar: Dios promete derramar su Espíritu sobre toda la gente (vv. 28-29). Recordemos que en esas épocas el Espíritu Santo venía sobre personas específicas, para momentos y tareas específicas. Cuando se cumpla esta profecía ya no importará si eres profeta o no, jefe o subalterna, muy joven o muy viejo, o si eres hombre o mujer, si clamas al Señor serás salva (v. 32), y además tendrás su Espíritu en ti. Esto se empezó a cumplir en el Día de Pentecostés, en el que el apóstol Pedro citando este mismo pasaje en Hechos 2, lo explica perfectamente.

Capítulo 3: Este capítulo se divide en dos partes. La primera, vv. 1-16, es un anuncio de juicio futuro sobre las naciones enemigas de su pueblo. Es interesante que este juicio ocurra “cuando yo [el Señor] restaure la prosperidad de Judá y de Jerusalén”, suceso viene después de la invasión y destrucción de Jerusalén en 586 a. de J.C. Nada de ello a ocurrido para los días de Joel, pero los judíos reciben una profecía que viajará muy lejos en el tiempo para cumplirse. De manera específica, se mencionan entre las naciones a ser juzgadas a Tiro y Sidón (fenicios), y las ciudades de Filistea (v. 4). También se mencionan algunos de los crímenes cometidos contra el pueblo de Judá, como vender a sus hijos como esclavos, robar utensilios sagrados, entre otros.

Finalizamos el capítulo y también el libro, del verso 17 al 21, con profecías de restauración. El Señor les promete santidad, paz, abundancia de recursos, y muchos habitantes. En cambio, anuncia mal para sus enemigos, de manera específica menciona a Egipto y a Edom, “porque atacaron al pueblo de Judá y mataron a gente inocente”. El último verso promete a Judá, una nación al momento pecadora y sin intimidad con Dios, lo que concretamente necesitaba: “Perdonaré los crímenes de mi pueblo… y yo, el Señor, haré mi hogar en Jerusalén con mi pueblo”. AMÉN! Que así sea!

 

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