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Día 274: Mateo 9-12

Lee el libro de Mateo capítulos del 9 al 12 (puedes leerlos dando clic aquí: Mateo 9-12).

Notas De Estudio

Capítulo 9: Capítulo bien intenso, con 5 historias milagrosas y varias enseñanzas. La primera sanidad aquí (vv. 1-8) desata una polémica, pues cuando le trajeron un paralítico para que lo sanara, ¿qué uno espera? Que lo sane, ¿verdad? Pero Jesús le dice “Tus pecados son perdonados”, causando que los escribas pensaran que era un blasfemo. Recordemos que los escribas eran un grupo de personas expertas en transcribir a mano las Escrituras (la parte de la Biblia que ahora nosotros llamamos Antiguo Testamento), y por ende sabían mucho de la misma. Ellos entendían (y es verdad) que solamente Dios podía perdonar los pecados, pero no se percataban que tenían a Dios en forma de hombre frente a ellos. El Señor pudo dejar “que piensen lo que quieran”, pero no. Dijo “les demostraré que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados” (v.6)… y entonces lo sanó. Aparte de la lección sobre la divinidad de Jesús, aprendemos algo de carácter: hay posibles conflictos que NO debemos evitar; a veces hay que “remover las aguas”.

De los otros 4 milagros relatados en el capítulo (de 2 ciegos, un mudo, una niña muerta, y una mujer con “hemorragia contínua”), resaltaremos uno. Camino Jesús a resucitar la hija de un líder religioso, dicen los vv. 20-22 que se le acercó discretamente “una mujer quien hacía doce años que sufría de una hemorragia contínua” (la enfermedad parece que era una “menstruación” que no paraba, ¡nunca!) y le tocó uno de los flecos de su “túnica”, pensando que con eso se sanaría. Esa “túnica” era un manto que distinguía a los rabinos (maestros judíos de las Escrituras); lo comparo con el alzacuello que usan algunos ministros cristianos hoy día. Había una creencia judía no relatada en la Biblia, de que los flecos del manto rabínico del Mesías sanaban. De ahí entendemos que ella creía que Jesús era el Mesías, y por eso lo hizo. Curioso es que muchos estudiosos de la Palabra de Dios de la época no se dieron cuenta; Por el contrario, muchos difamaban a Jesús. ¿Nos pasará eso a veces, que sabemos mucho y en la práctica nos quedamos cortos?

Del resto del capítulo nos fijaremos en un llamado. El Señor le dice a un publicano llamado Mateo que sea su discípulo. Como muchos ya saben, los publicanos eran colectores de impuestos a favor de Roma (osea traidores a la Patria), y la mayoría eran corruptos y abusaban de la gente, su gente. También recordemos que un discípulo no es un simple espectador sino un aprendiz, alguien que compartía, convivía con su maestro y trataba de ser como él. Una vez más Jesús fue fuertemente criticado por los fariseos (la secta religiosa judía más fuerte de la época, y paradójicamente quienes en teoría mejor interpretaban la Ley de Dios), por llamar a “tal pecador” para ser su íntimo aprendiz. Cristo nos dio a todos una gran lección al elegir a un “traidor, despreciado y corrupto” como uno de sus primeros servidores. ¿Y qué éramos nosotros cuando él nos llamó? De una forma u otra, eso mismo. Pero como Jesús mismo dijo, “no he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores” (v. 13). ¡Gracias Señor!

Capítulo 10: El capítulo anterior termina (vv. 35-38) con Jesús diciendo a sus discípulos que “la cosecha es grande [personas con necesidad de Dios en su vida], pero los obreros son pocos”, y que oraran para que Dios enviara más obreros al trabajo. Este capítulo arranca con la solución al problema: Cristo enviando más obreros (sus 12 discípulos más cercanos) a recoger la cosecha, o sea llevar y mostrar las Buenas Noticias del Reino de Dios a las ciudades, pueblos y aldeas de Israel (vv. 1-15). Acto seguido y hasta el final del capítulo, Jesús les da enseñanzas relacionadas con el hecho de ser obreros de su obra:

Anuncia las dificultades y persecuciones futuras contra ellos, sus seguidores (vv. 16-25).
Los anima a no temer a los demás y esparcir el mensaje con fuerza (vv. 26-33). Les advierte que su mensaje trae inevitables conflictos a nuestra sociedad (vv. 34-36).
Deja BIEN claro que en nuestra vida El debe ser “el primero o nada” (vv. 34-42). Nota: aprendámonos el v. 39 de memoria; valdrá la pena.

Capítulo 11: Más de la mitad del capítulo tiene que ver con Juan el Bautista (vv. 2-19). Los discípulos de Juan (quien estaba preso) preguntan a Jesús de su parte si El es el Mesías prometido o es otro. Jesús simplemente dice “Regresen a Juan y cuéntenle lo que han oído y visto: los ciegos ven, los cojos caminan bien, los leprosos son curados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les predica la Buena Noticia”. A mi parecer el Señor sabía que Juan entendería. Desde que se iban los discípulos de Juan a darle la noticia, Jesús les habló a las multitudes acerca del gran siervo que era Juan el Bautista. También explica que Juan es el “mensajero” anunciado en el Antiguo Testamento (específicamente en Malaquías 3:1) que prepararía el camino para el Mesías, y que también es el Elías “que los profetas dijeron que vendría” en Malaquías 4:5. Pero fijémonos que el que bautizó al Señor mismo, vio la paloma del Espíritu sobre El, y oyó la voz de Dios afirmando a Jesús (3:13-16), ahora manda a preguntar para estar seguro. Bueno, todos tenemos nuestros días oscuros con temor y dudas, ¿o no?

Del 20 al 24 Jesús critica duramente a las personas de Corazín, Betsaida y Capernaúm. ¿Por qué? No solo por no creer ni arrepentirse, sino porque su actitud era a pesar de la inmensidad de milagros que él había hecho a la vista de ellos la relación que el Señor hace con ellos y Sodoma, Gomorra, Tiro y Sidón (ciudades famosas por su maldad) es bien fuerte.

Los versos finales presentan a Jesús orando dando gracias a su Padre e invitándonos a nosotros (así lo veo, como una invitación a TODOS nosotros), a descansar; sí a descansar en El.

Capítulo 12: Aquí estamos llenos de conflictivos momentos y enseñanzas de Jesús. Los 2 primeros están relacionados con el día de reposo; sobre recoger para comer y sobre sanar enfermos. Cristo les demuestra por la Palabra que se puede hacer bien en el día de reposo. Después de estos encuentros “los fariseos convocaron a una reunión para tramar cómo matar a Jesús” (v. 14).Luego sigue un “refrescante paréntesis” en el que se cita a Isaías 42, presentando a Jesús como quien cumple con esa profecía. Mateo es el evangelio que más citas al Antiguo Testamento presenta.

Jesús sigue y sana a un ciego y mudo sacándole un demonio; los fariseos responden diciendo que lo puede hacer por el poder del mismo Satanás. Jesús, que “conocía sus pensamientos”, les contestó con palabras sabias que demostraban su absurdo (vv. 26-28) y brinda otras enseñanzas relacionadas.

Otro día “algunos maestros de la ley religiosa y algunos fariseos” le pidieron a Jesús una “señal milagrosa” para probar su autoridad. Y me pregunto, ¿qué más señales querían? Muchísimos enfermos sanados de todo tipo, demonios saliendo, MUERTOS resucitados. ¡¿Qué más?! El Señor los acusó de ser una generación “maligna y adúltera”. Pero, ¿y nosotros? ¿No hemos visto suficientes pruebas del poder, la presencia y la bondad de Dios? Sin embargo, en ciertos momentos actuamos como si Dios estuviera “a prueba”; como si El tuviera que demostrar algo más para que podamos seguir creyendo. Entonces, ¿qué clase de generación somos?

Anímate a comentar o preguntar.

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