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Día 296: Hechos 5-8

Lee el libro de Hechos capítulos del 5 al 8 (puedes leerlos dando clic aquí: Hechos 5-8).

Notas de Estudio

Capítulos 5-8: Al final del capítulo cuatro vemos que José Bernabé había sentado el ejemplo: vendió todo y lo puso al servicio de los apóstoles. No todos compartían esta liberalidad al dar que tenía José y es aquí donde entra la historia de Ananías y Safira. El pecado fue que mintieron no a los apóstoles sino al Espíritu Santo (5:3) no que no dieron todo el dinero. Era su dinero y por tanto su decisión (5:4) y, aunque algunos de nosotros hubiésemos estado conforme con que simplemente confesaran, se arrepintieran y luego determinarán que harían en verdad, tanto Ananías como su esposa mueren a causa de su pecado, que no era solo mentira pues vemos cierto deseo de competencia quizás con José mismo. Su muerte sentó el ejemplo para los demás dentro de la iglesia, que ahora sabían que funcionaba como un templo (cuando digo iglesia me refiero al cuerpo de creyentes) y que la santidad era precisa en esa comunidad.
La oposición y el gran trabajo de los apóstoles es parte del ingrediente que provoca uno de los primeros problemas de la iglesia: las viudas judías eran mejor atendidas que las viudas griegas (estas eran mujeres judías que provenían del mundo helénico y ahora vivían en Jerusalén). Los apóstoles guiados por el Espíritu toman la sabia decisión de delegar y eligen a los que conocemos como “Los Siete Diáconos” (literalmente “los siete servidores”), quienes no serían meramente repartidores de comida sino que debían estar llenos del Espíritu Santo, sabiduría y ser respetados por la comunidad. En muy poco tiempo esta gente no solo ayudaba con la repartición a los necesitados sino que eran predicadores de poder entre los que se destacaron Esteban y Felipe.
Esteban se convierte en el primer mártir de la iglesia, teniendo como testigo de su martirio a Saulo (a quien conoceremos más adelante como el Apóstol Pablo). Podrás notar que, aunque Jesús les había dicho que le serían testigos en Jerusalén, Judea, Samaria, Galilea y luego hasta lo último de la tierra, la iglesia estaba bastante cómoda en sus primeros años en Jerusalén, y lo más seguro es que había suficientes cosas para hacer y organizar allí. Así que no se habían movido a llevar el evangelio más allá. La muerte de Esteban provoca lo que no había pasado de manera natural y la iglesia se dispersa a causa de la persecución, y empezamos a ver narraciones de cómo el evangelio es llevado a otras partes.
Felipe, uno de los diáconos, llegó a Samaria, pero no se paró allí. Dice que llegó hasta el norte a Cesárea predicando por todo el camino hasta llegar a esta importante ciudad. Es de camino que se encuentra a un funcionario etíope, prosélito (convertido al judaísmo) o de la larga tradición de etíopes que afirman ser descendientes de Israel. El etíope era eunuco (hombres que eran castrados para que no desarrollaran su parte viril y no sintieran atracción por ninguna mujer, de modo que pudiesen trabajar como sirvientes de las reinas en el palacio), así que no era posible que entrara al lugar donde los hombres recibían el mensaje en el templo o en una sinagoga. Felipe lo escucha leyendo, se acerca al carruaje, le explica el pasaje (que no entendía porque por su condición de impuro ceremonial para los judíos no tenía acceso a las áreas de enseñanza, como dijimos), y lo bautiza.
Es muy probable que historias como las de Felipe se repitiesen constantemente durante esos años, ya que la iglesia se multiplicó en número en poco tiempo.

 

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