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“Dizque Santidad…”

Sí, lo confieso: se que se ha convertido en algo raro hablar sobre el asunto, pero hay que hacerlo. Lamentablemente, cuando uno piensa en santo viene cualquier imagen menos la posibilidad de que sea posible que podamos ser uno (todo lo que cabe dentro de lo posible fue redundantemente calculado).Y esas imágenes son tan fuera de la realidad, y (seamos honestos) “ser santo” parece ser poco práctico.

Por ejemplo, si te digo “santo” (aparte de responder ¡aleluya!) ¿qué imágenes te llegarían primero a la cabeza. 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – ¿viste? ¡Exacto! Esto:
– Los íconos de la iglesia católica.
– Algún personaje de la Biblia o de los primeros años de la iglesia.
– Alguien que conociste que parece sacado de la serie “Kung Fu”: habla lento, responde con preguntas, siempre está riendo, probablemente vista de batola, ande descalzo, vendió todas las cosas que tenía, hizo algún voto de pobreza, come sólo arroz blanco y bebe agua cada tres días, et… cétera.

No se nos puede ocurrir de un ingeniero que sea santo, o de un contable que haga su profesión con santidad o de un abogado… ¡ok! Sí, esa es difícil, pero para Dios no hay nada imposible, así que ¡claro!  un abogado puede practicar su profesión con santidad. Pero la mayoría de nuestras percepciones de un santo son irreales, insostenibles y condicionadas por la información histórica con que crecimos, no siempre bíblicas.

¿Cuándo alguien es santo?
“Santo” significa literalmente “apartado para”. En el sentido bíblico es alguien que ha sido apartado para Dios. Daniel era santo y trabajaba en el gobierno Babilonio, luego con los Persas (por si no lo sabías ambos imperios terribles y no necesariamente practicantes de lo bueno), Amós era santo y cuidaba ovejas, Pablo era santo y hacía tiendas para sostener su ministerio como apóstol, Abraham era santo y era ganadero. Leyendo la Palabra nos damos cuenta que los hombres de Dios se encontraban con la santidad dentro de su realidad vocacional o profesional, dentro de lo ordinario de sus vidas diarias. ¿Por qué debe ser diferente con nosotros? El santo entiende que no es perfecto pero se encuentra en un continuo proceso de santificación. Que si “santo” es apartado para Dios, “santificación” es el proceso mediante el cual esta realidad se hace progresivamente posible.

Ahora, Dios no te aparta del mundo, ¡eso es lo último que haría!, por ahora. “No ruego que los quites del mundo, sino que los protejas del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.” (Juan 17:15-16) El “no son del mundo” significa que se nos ha apartado pero dentro del mismo espacio que hemos ocupado: “no… los quites del mundo”. ¡Aquí estamos! Y en la práctica de lo que hacemos debemos hacerlo como una persona que ha sido dedicada a Dios, así que dedica todo lo que hace a El. Como dije en el post anterior:
“El santo trata a todas las cosas (su tiempo, sus posesiones, su comida), a todas las personas y a sí mismo: con respeto.
¿No sería lo mejor que nos pudiese pasar?”

Hay un respeto dedicado a todo lo que hace y lo rodea, a cada persona (“amarás a tu prójimo como a ti mismo”), porque el amor de Dios fluye como ríos de agua vida desde ella o él.
¡Sí! Se puede y se debe ser santo. ¡Es un imperativo! “Sean santos, porque yo soy santo.” (1 Pedro 1:16)
Pero, ¿cómo luce un santo?
Eso en el otro post.

¿No has leído el anterior? ¡Aquí tienes!
Parte 01
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