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Día 262: Amós 5-9

Lee los capítulos del 5 al 9 del libro de Amós (puedes leerlos dando clic aquí: Amós 5-9).
Notas De Estudio
Capítulos 5-6: Estos dos capítulos representan la parte central de la acusación contra Israel. Empezando con un lamento por la caída de Israel y terminado con un enemigo mortal que Dios ha levantado contra Israel. La idea de la lamentación domina el pasaje, y Amós utiliza el “Quinah Funerario” usado por los israelitas para lamentar por ellos mismos. En la primera parte, vemos como Dios es adorado como el Señor de los Cielos (5:8-9), mientras que Israel adora a las estrellas (5:25-27). Los dos pasajes son resumidos en un proverbio (6:12), una acusación (6:13) y un juicio (6:14)

 El gran pecado de Israel, del que debe arrepentirse, es su injusticia: humillan al pobre, le quitan los panes, cobran altos impuestos e intereses, los funcionarios son sobornados, entonces: Dios no habita entre ellos. ¿Quieren que Dios este entre ellos? Deben de dejar de hacer lo malo y empezar a hacer lo bueno. Pero al mismo tiempo que el profeta anuncia la necesidad de arrepentimiento habla de un juicio inevitable: Israel llorará. Incluso su culto a Dios es abominable:
“»¡Yo aborrezco sus fiestas religiosas!
¡No soporto sus cultos de adoración!
Ustedes se acercan a mí
trayendo toda clase de ofrendas,
pero yo no quiero ni mirarlas.
¡Vayan a cantar a otra parte!
¡No quiero oír esa música de arpa!
Mejor traten con justicia a los demás
y sean justos como yo lo soy.
¡Que abunden sus buenas acciones
como abundan las aguas
de un río caudaloso!”
(5:21-24)
Dios prefiere actos de justicia que una vida religiosa aplicada con rigidez.
Capítulo 7: Amós recibe visiones de futuras desgracias sobre Israel (fuego y saltamontes) y participa como intercesor del pueblo ante Dios, teniendo éxito en lograr que al pueblo se le permita escapar de esas calamidades. La última visión del capítulo es de una plomada (que es una pesa usualmente de plomo, usada por los albañiles para marcar una línea recta y vertical, garantizando que sus paredes eran rectas a medida que la edificación iba subiendo), esta plomada serviría para medir la rectitud de Israel.
Amós encuentra oposición con Amasías, el sacerdote de Betel, quien lo envía de vuelta a Judá. Las palabras contra Amasías son… bastante fuertes.
 Capítulos 8-9: Es definitivo: Israel sufrirá a causa de su pecado, que Amós enfoca mayormente (como hemos visto hasta ahora) en sus actos injustos contra los más débiles y desvalidos de la sociedad. A pesar de eso: el fin de todo es restauración. Israel será restaurado y nunca más volverá a ser arrancado.
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Día 261: Amós 1-4

Lee los capítulos del 1 al 4 del libro de Amós (puedes leerlos dando clic aquí: Amós 1-4).
Notas De Estudio
Introducción Al Libro: Amós era pastor de una villa llamada Tecoa que se encontraba a unos 15 kms. al sur de Jerusalén. A pesar de que era de Judá fue enviado a profetizar a Israel (el Reino del Norte), convirtiéndose así en el primero de los profetas del Siglo 8 a.C., lista que incluye a Isaías, Oseas y Miqueas. Fechado alrededor del 760 a.C., en un mundo donde el Santuario de Betel servía como lugar cúltico e idolátrico central del Reino del Norte. Mientras condena Israel al mismo tiempo señala las enfermedades políticas y sociales del pueblo, en contraste con Oseas quien se enfoca en las enfermedades religiosas. Así que, no es de sorprendernos que muchos de los lectores de este libro en nuestro tiempo lo ven como una fuente inspiradora para la renovación de las estructuras sociales.
El tiempo en que Amós profetizó fue bastante corto y aparentemente escribió sus profecías al volver a Judá.
Capítulo 1-2: El libro es único en el sentido que abre el libro con una declaración temática:
“«Cuando Dios se enoja
y habla desde Jerusalén,
se marchitan los pastos;
¡se reseca el monte Carmelo!»”
(Amós 1:2)
Y estos capítulos comprenden profecías contra las naciones que rodean a Israel. Si has venido leyendo la Biblia Completa con este programa son las mismas naciones a las que apuntan los otros profetas: Siria (Damasco), Filistea (Gaza), Tiro, Edom, Amón, Moab, finalizando con Judá e Israel. Nos puede parecer natural que un profeta hable en contra de cualquier nación, pero estas naciones no servían a Dios, ¡al contrario! Entonces, ¿cómo y quién le da la autoridad a este profeta para profetizar contra ellas? El Dios del cielo y de la tierra, ¡claro! Lo que nos afirma la superioridad de Dios sobre todo. Ese es el mensaje implícito que hay bajo estas profecías. Las profecías contra estas ciudades se basan en maldades específicas y en ciertos casos en eventos contemporáneos o no muy lejanos a la época de Amós. La maldad de Judá es su rebelión contra Dios, la de Israel las injusticias sociales y el liberalismo.
Capítulo 3: En este capítulo Amós responde a esos que pudiesen clamar que él no tiene autoridad para profetizar contra Israel porque son los “elegidos de Dios”. Contra estos cargos Amós profetiza que:
(1) su elección garantiza que ellos serán juzgados ¡es la razón por la que se les juzga! (1-3)
(2) Dios ha hablado, por tanto: el profeta debe hablar (4-8)
(3) Israel es tan malvado que aún las naciones que los rodean (¡y que son perversas!) podían sentarse como jueces en contra de ellos (9-11).
Capítulo 4: Este capítulo comprende dos unidades, cada una es una acusación que es seguida por planteamientos religiosos usados de manera irónica. La primera parte es contra las mujeres ricas de Samaria (las llama “vacas gordas de Basán”) y la segunda acusa a Israel de no ponerle atención a todas las palabras de juicio que escucharon antes. Al final Amós da una doxología que parece una amenaza más que palabras de ánimo, describiendo el poder de Dios.
 
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Día 235: Jeremías 31- 34

Lee los capítulos del 31 al 34 del libro de Jeremías (puedes leerlos dando clic aquí: Jeremias 31 – 34)

Notas De Estudio

Capítulo 31: este capítulo junto al 30 comprenden lo que es conocido como “El Libro de la Consolación de Jeremías”. Generalmente y en la tradición rabínica o de algunos libros proféticos (Amos, Ezequiel), se iniciaba los libros con reprensiones y luego se terminaba con consolación. Por eso algunos eruditos piensan que en el principio, esto formaba parte del final del libro de Jeremías (los caps. 30-31), pero es algo que no podemos afirmar y de lo que no tenemos prueba. En este capítulo volvemos a la imagen de Dios como esposo y su pueblo como esposa. Pero esta vez no con la intención de divorcio, sino de reconciliación y restauración.
El verso 15 es tomado en el  Nuevo Testamento como una profecía por la muerte de los niños menores de dos años a manos de Herodes (ver Mateo 2:17-18), , lo que convierte esta parte de la profecía en Mesiánica (concerniente al Mesías). Pero la recompensa por el trabajo de Raquel es que verá a sus hijos volver, y el esposo (el Señor) la consuela diciéndole que pare de llorar.
Según Éxodo 34:7 la iniquidad de los padres era castigada sobre sus hijos y hasta la cuarta generación, en ese sentido, quienes regresaban del exilio debían temer volver a ser castigados aún cuando volvieran su corazón a Dios, pero el profeta afirma que ya los hijos no serán responsable por el pecado de los padres, cada uno será responsable por su pecado.
La torre de Jananel se encontraba en la esquina Nordeste de Jerusalén y la Puerta de la Esquina se encontraba en el lado opuesto a esta en la ciudad. Aparentemente la ciudad había sido reducida por los subsecuentes ataques de Asirios y Babilonios, Dios la extendería como parte de la señal del cumplimiento de su promesa.
Capítulo 32: El acto de apresar a Jeremías no era fortuito: una ciudad sitiada, con habitantes continuamente en miedo, no necesitaba a un viejo profeta gritando cosas que aumentaran su miedo. Así que, Sedequías decide que lo mejor es apresarlo ¡para que calle! En medio de estar apresado y como parte de una señal profética, Jeremías recibe la oferta de venta de una propiedad. En aquel tiempo, las propiedades en venta se ofertaban primero a familiares cercanos, así la tierra se mantenía entre la familia, luego se pasaba a otras personas dentro de la misma tribu (familiares más lejanos) de acuerdo al orden de cercanía con la familia que ponía el terreno o propiedad en venta. Si alguien recibía una oferta de compra de otra persona de la tribu debía primero buscar a quien le quedaba más cercano genealógicamente y ofertarla, si este la rechazaba entonces se hacía la venta.
Si Jeremías ha profetizado destrucción lo más racional era rechazar comprar el terreno, pero Dios le dice que lo compre y que guarde los papeles de propiedad como señal de que el pueblo volverá a la tierra, sembrará, comprará terrenos y construirá. Jeremías hace como le ordena el Señor, aunque con sus dudas. Dios confirma que restaurará a pesar de la duda de Jeremías.
Capítulo 33: “Clama a mi que yo te responderé.” (v. 3) es uno de los versos más famosos en la Biblia (¡sí! Jeremías tiene algunos de esos), palabras que le llegan al profeta en medio de su encarcelamiento. Aparentemente Jeremías, quien hasta el momento había profetizado casi exclusivamente de destrucción, con la ciudad sitiada y bajo el inminente ataque de los Babilonios, ya sentía que las palabras proféticas que le habían dado estaban a la vuelta de la esquina. Como parte del pueblo de Dios y aunque conocía la razón por la que esto estaba pasando, no podía hacer otra cosa sino sentirse triste. ¿Cómo alegrarse en momento en que sus hermanos y hermanas, la ciudad y el templo que ama serán aplastados? ¡Imposible! Estas palabras no solo son un consuelo al pueblo sino también a Jeremías.
Capítulo 34: Los primeros versos de este capítulo (1-7) están fechados al año 588 a.C., que es la fecha del sitiado de Jerusalén por Nabucodonosor. La promesa de una muerte en paz a Sedequías nos hace recordar las palabras de la profetiza Hulda a su padre Josías (2 Reyes 22:14-20) y contrastan con la profecía que Jeremías hizo a Joaquín (Jeremías 22:24-30).
Los judíos tenían reglas que regulaban la esclavitud (reglas que casi nunca se cumplieron). Sedequías promete liberar los judíos que habían sido esclavizados pero luego se retracta. El Señor está SIEMPRE en contra de la opresión y Jeremías se lo deja saber a Sedequías.
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